lunes, 9 de diciembre de 2013

Entrada treinta y tres. La literatura nos enseña a observar.

“La literatura difiere de la vida en que la vida está llena de detalles acumulados y raramente nos encamina hacia ellos, mientras que la literatura nos enseña a observar. A observar que mi madre, digamos, suele humedecerse los labios antes de besarme; el sonido taladrante de un taxi londinense cuando su motor diésel va al ralentí, las rayas blancas que tienen las chaquetas de cuero viejas, parecidas a las estrías de la grasa de carne; el crujido de la nieve reciente bajo los pies; los bracitos de los bebés, tan gordos que parecen atados con cordones (por cierto, los demás ejemplos son míos, pero este último es de Tólstoi).”

“En el ensayo de Orwell “un ahorcamiento” el escritor ve al condenado que camina hacia la horca y se desvía para evitar un charco. Para Orwell eso representa precisamente lo que llama el misterio de la vida que está a punto de ser arrebatada: aunque no hay razón alguna para ello, el hombre condenado todavía piensa en mantener sus zapatos limpios. Es un acto irrelevante (y una observación maravillosa por parte de Orwell). Ahora supongamos que no se trata de un ensayo, sino de una pieza de ficción. En realidad se ha especulado muchísimo sobre la proporción de hechos ficticios en esos ensayos de Orwell. Esa forma de evitar el charco sería precisamente el tipo de detalle soberbio que explotaría Tolstoi, por ejemplo: Guerra y Paz tiene una escena de ejecución con un espíritu muy cercano al ensayo de Orwell, y puede ser que Orwell simplemente copiase el detalle de Tolstoi. En Guerra y paz Pierre ve a un hombre que va a ser ejecutado por los franceses y observa que, justo antes de morir, el hombre se ajusta la venda de los ojos por la parte de atrás porque le queda demasiado apretada. El acto de evitar el charco, la manipulación de la venda, esos detalles se podrían llamar irrelevantes o superfluos, No se pueden explicar; en la ficción existen para denotar precisamente lo inexplicable. Es uno de los efectos del realismo, del estilo realista. Pero el ensayo de Orwell, asumiendo que consigne un hecho real, nos demuestra que tales efectos de la ficción no son convencionalmente irrelevantes sin más, o formalmente arbitrarios, sino que nos dicen algo de la irrelevancia de la realidad en sí misma. En otras palabras, la categoría de lo irrelevante o inexplicable existe en la vida igual que existe el barómetro con toda su inutilidad , en las casas reales. No había razón lógica alguna para que el hombre condenado evitase el charco. Fue un hábito recordado. La vida, pues, contendrá siempre una añadidura inevitable, un margen para lo gratuito, un reino en el cual siempre hay más de lo que necesitamos; más cosas, más impresiones, más recuerdos, más hábitos, más palabras, más felicidad, más infelicidad.”

"Los mecanismos de la ficción. Cómo se construye una novela. James Wood. 2009 Ediciones RBA."

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