“La
literatura difiere de la vida en que la vida está llena de detalles acumulados
y raramente nos encamina hacia ellos, mientras que la literatura nos enseña a
observar. A observar que mi madre, digamos, suele humedecerse los labios antes
de besarme; el sonido taladrante de un taxi londinense cuando su motor diésel
va al ralentí, las rayas blancas que tienen las chaquetas de cuero viejas,
parecidas a las estrías de la grasa de carne; el crujido de la nieve reciente
bajo los pies; los bracitos de los bebés, tan gordos que parecen atados con
cordones (por cierto, los demás ejemplos son míos, pero este último es de
Tólstoi).”
“En el
ensayo de Orwell “un ahorcamiento” el escritor ve al condenado que camina hacia
la horca y se desvía para evitar un charco. Para Orwell eso representa
precisamente lo que llama el misterio de la vida que está a punto de ser
arrebatada: aunque no hay razón alguna para ello, el hombre condenado todavía
piensa en mantener sus zapatos limpios. Es un acto irrelevante (y una
observación maravillosa por parte de Orwell). Ahora supongamos que no se trata de
un ensayo, sino de una pieza de ficción. En realidad se ha especulado muchísimo
sobre la proporción de hechos ficticios en esos ensayos de Orwell. Esa forma de
evitar el charco sería precisamente el tipo de detalle soberbio que explotaría
Tolstoi, por ejemplo: Guerra y Paz tiene una escena de ejecución con un
espíritu muy cercano al ensayo de Orwell, y puede ser que Orwell simplemente
copiase el detalle de Tolstoi. En Guerra y paz Pierre ve a un hombre que va a
ser ejecutado por los franceses y observa que, justo antes de morir, el hombre
se ajusta la venda de los ojos por la parte de atrás porque le queda demasiado
apretada. El acto de evitar el charco, la manipulación de la venda, esos detalles
se podrían llamar irrelevantes o superfluos, No se pueden explicar; en la
ficción existen para denotar precisamente lo inexplicable. Es uno de los
efectos del realismo, del estilo realista. Pero el ensayo de Orwell, asumiendo
que consigne un hecho real, nos demuestra que tales efectos de la ficción no
son convencionalmente irrelevantes sin más, o formalmente arbitrarios, sino que
nos dicen algo de la irrelevancia de la realidad en sí misma. En otras
palabras, la categoría de lo irrelevante o inexplicable existe en la vida igual
que existe el barómetro con toda su inutilidad , en las casas reales. No había
razón lógica alguna para que el hombre condenado evitase el charco. Fue un
hábito recordado. La vida, pues, contendrá siempre una añadidura inevitable, un
margen para lo gratuito, un reino en el cual siempre hay más de lo que
necesitamos; más cosas, más impresiones, más recuerdos, más hábitos, más
palabras, más felicidad, más infelicidad.”
"Los mecanismos de la ficción. Cómo se construye una novela. James Wood. 2009 Ediciones RBA."
"Los mecanismos de la ficción. Cómo se construye una novela. James Wood. 2009 Ediciones RBA."
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