Hojeando esta misteriosa novela que es Les Hauts Quartiers de Paul Gadenne, que tanto me ha acompañado desde hace tantos años, leo esto, sentado cerca de unos juncos frescos, olorosos: “ El mundo de las plantas- sobre todo el de las que crecen silvestres - es el mundo de la inocencia, y tenemos necesidad de este mundo”.
En realidad, tenemos necesidad de toda la belleza del mundo para poder soportar la brutalidad de la historia humana, y hasta los arañazos y desgarros diarios de la vida en sociedad cada vez más hosca y vulgar; pero además es imposible no amar esa belleza del mundo y, no gozarla por el hecho de que la historia sea tan horrible, y esté ahí junto a nosotros, como si estuviésemos en presencia constante de un cadaver ante el que no nos atrevemos ni a hablar en alto, como se dice también un poco más adelante en la novela.
Tenemos que conservar la alegría de los adentros y de estar vivos. Aunque no tengamos calidad de vida, como hoy se exige a la vida para ser vivible, y es algo que se está metiendo en la cabeza de las gentes, a tenor de los esquemas del pensar de esta civilización de inmenso aburrimiento y fascinación por la muerte, que es la nuestra.
Los cuadernos de letra pequeña. Jose Jimenez Lozano. Primera Edición Febrero 2003. Editorial Pre-Textos. Página 47.
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