domingo, 1 de diciembre de 2024

Entrada sesenta y tres. Tenemos que conservar la alegría de los adentros y de estar vivos.

 Hojeando esta misteriosa novela que es Les Hauts Quartiers de Paul Gadenne, que tanto me ha acompañado desde hace tantos años, leo esto, sentado cerca de unos juncos frescos, olorosos: “ El mundo de las plantas- sobre todo el de las que crecen silvestres - es el mundo de la inocencia, y tenemos necesidad de este mundo”.

En realidad, tenemos necesidad de toda la belleza del mundo para poder soportar la brutalidad de la historia humana, y hasta los arañazos y desgarros diarios de la vida en sociedad cada vez más hosca y vulgar; pero además es imposible no amar esa belleza del mundo y, no gozarla por el hecho de que la historia sea tan horrible, y esté ahí junto a nosotros, como si estuviésemos en presencia constante de un cadaver ante el que no nos atrevemos ni a hablar en alto, como se dice también un poco más adelante en la novela.

Tenemos que conservar la alegría de los adentros y de estar vivos. Aunque no tengamos calidad de vida, como hoy se exige a la vida para ser vivible, y es algo que se está metiendo en la cabeza de las gentes, a tenor de los esquemas del pensar de esta civilización de inmenso aburrimiento y fascinación por la muerte, que es la nuestra.

Los cuadernos de letra pequeña. Jose Jimenez Lozano. Primera Edición Febrero 2003. Editorial Pre-Textos. Página 47.

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