lunes, 2 de septiembre de 2013

Entrada veintidós. El contraste entre las tendencias narcisistas de la tecnología y el problema del amor real

“Naturalmente, los productos tecnológicos de consumo…..sí son, no obstante, magníficos aliados y potenciadores del narcisismo. Junto con su afán incorporado de gustar, llevan aparejado el de ofrecer una imagen mejor de nosotros a los demás. Nuestras vidas parecen mucho más interesantes cuando las filtramos a través del interfaz sexy de Facebook. Somos protagonistas de nuestras propias películas, nos fotografiamos incesantemente, basta un clic del ratón y una máquina nos confirma nuestra sensación de dominio. Y como nuestra tecnología sólo es en realidad una prolongación de nosotros, no tenemos que despreciarla por ser tan manipulable, como podría ocurrirnos con las personas reales. Es un bucle enorme e interminable. Nos gusta el espejo y nosotros le gustamos. Hacerse amigo de una persona se reduce a incluir a esa persona en nuestro salón privado de espejos favorecedores.
Quizá exagere pero sólo un poco……Lo que pretendo es básicamente presentar el contraste entre las tendencias narcisistas de la tecnología y el problema del amor real. A mi amiga Alice Sebold le gusta hablar de "saltar al barrizal y amar a alguien". Lo que tiene en mente es la suciedad con que, inevitablemente, el amor mancha la imagen que el espejo nos devuelve de nosotros mismos. Aquí el hecho elemental es que el empeño de gustar plenamente es incompatible con las relaciones amorosas. Tarde o temprano os veréis envueltos en una pelea horrible y ruidosa, y oiréis salir de vuestras bocas cosas que os disgustan sobremanera, cosas que hacen añicos la imagen que tenéis de vosotros como personas ecuánimes, amables, interesantes, atractivas, controladas, divertidas y "gustables". Algo más real que la gustabilidad habrá aflorado y, de pronto, vuestra vida cobrará realidad. De repente tendréis ante vosotros una elección auténtica, no una falsa elección de consumo entre una BlackBerry y un iPhone, sino una pregunta: ¿Quiero a esa persona? Y para la otra persona: ¿Esta persona me quiere? No existe nadie de cuya personalidad real nos guste hasta la última partícula. Por eso, un mundo donde todo consiste en gustar es en última instancia una mentira. Pero sí existe la persona de cuya personalidad real uno ama hasta la última partícula. Y por eso el amor representa tal amenaza existencial para el orden del tecnoconsumismo: saca a la luz la mentira.
…Puede que exista una similitud superficial entre la revisión de un texto narrativo y la revisión de tu página web o tu perfil de Facebook; pero una página de prosa no tiene esos vistosos gráficos para ayudarte a potenciar tu imagen. Si sientes el impulso de intentar devolver el obsequio que representa para ti la narrativa de otras personas, al final no puedes pasar por alto lo que hay de fraudulento o manido en tus propias páginas. Estas páginas son también un espejo, y si de verdad amas la narrativa, descubrirás que las únicas páginas dignas de conservarse son aquellas que te muestran tal como eres.
Aquí el riesgo es, por supuesto el rechazo. Todos podemos sobrellevar el hecho de no gustar de vez en cuando, ya que existe un número infinitamente grande de personas a quienes gustar de manera potencial. Pero mostrarse uno plenamente como es, no sólo en su superficie gustable, y verse rechazado puede acarrear un dolor catastrófico. En general, la perspectiva del dolor, el dolor de la pérdida, de la ruptura, de la muerte, es la razón por la que resulta tan tentador eludir el amor y quedarse a salvo en el mundo del gustar. Mi mujer y yo, por habernos casado demasiado jóvenes, al final renunciamos a una parte tan grande de nosotros y nos causamos mutuamente tanto dolor que ambos tuvimos razones para lamentar haber dado el paso con precipitación.
Sin embargo, no consigo obligarme a lamentarlo del todo. En primer lugar, gracias a nuestra lucha por honrar de verdad nuestro compromiso, nos constituimos en las personas que éramos; no éramos moléculas de helio flotando inertes por la vida; establecimos un vínculo y cambiamos. En segundo lugar – y puede que este sea el principal mensaje que quiero transmitiros-, el dolor duele, pero no mata.
Cuando se contempla la alternativa – un sueño anestesiado de autosuficiencia amparado por la tecnología – el dolor se presenta como producto e indicador natural de estar vivo en un mundo que opone resistencia. Pasar por la vida indoloramente es no haber vivido. Incluso decirse a sí mismo , es condenarse a diez años sin hacer nada más que ocupar espacio en el planeta y gastar sus recursos. A ser (en el peor sentido de la palabra) un consumidor. "
"Más Afuera". Jonathan Franzen. Editorial Salamandra. 2013

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