sábado, 31 de agosto de 2013

Entrada veintiuno. ¿Quién sabe qué estás viendo cuando miras?

La mirada es parte del amor, pero ¿quién sabe qué estás viendo cuando miras? Sería incapaz de explicar por qué aquel flacucho de noveno curso me producía paroxismos de pasión, pero así era. Los sentimientos son brutales. El dolor del amor se asemeja notablemente al de la culpa o el remordimiento. El dolor emocional no se distingue mediante el sentimiento, sino a través del lenguaje. Damos un nombre a la angustia, no porque reconozcamos el sentimiento en cuestión, sino porque conocemos su contexto. A veces nos sentimos mal y no sabemos por qué. Afortunadamente, a veces el amor es correspondido, y dos personas ajenas a la ropa interior o a la nariz del otro, se encuentran a sí mismas en el interior de este misterio que es la atracción y son felices. Pero ¿por qué?
La satisfacción en el amor es algo que en general se da por supuesto. Sin embrago, opino que soportar el amor no es algo racional, salvo por algún que otro desliz momentáneo. Llevo quince años casada con el mismo hombre y soy incapaz de explicar por qué aún me atrae como objeto erótico. Lo hace, pero ¿por qué? ¿no debería haberse extinguido ya todo? El motivo no es  que estemos tan unidos ni que nos conozcamos tan bien el uno al otro.Todo eso solidifica nuestra amistad, no nuestra atracción. La atracción permanece porque hay algo en él que no consigo alcanzar, algo extraño que nos separa. Me gusta contemplarle de lejos. Lo sé. Me gusta mirarle cuando está en una habitación llena de gente y parece un desconocido, para luego recordar que lo conozco y que más tarde regresaré a casa con él. Pero el motivo por que que a veces se me antoja un ser mágico, una persona distinta a las demás, es algo que no sabría decirles. Tiene muchos rasgos positivos, pero también los tienen otros hombres que me dejan fría como una piedra. ¿Le he proporcionado yo esa cualidad porque me resulta conveniente o se trata de algo que reside efectivamente en él, alguna parte de él que nunca conquistarle ni conoceré? Deben ser ambas cosas. Debe ser algo entre nosotros, un espacio encantado completamente irrazonable y, al menos en parte, imaginario. Aún me resta una valla por saltar, y al otro lado de ella descansa un secreto.
Los romances y los matrimonios se sostienen o fracasan dependiendo de ese secreto. La familiaridad y las pedestres realidades de la vida cotidiana son enemigos del Eros. Emma Bovary ve comer a su esposo y siente repugnancia. Estudia mapas de París y anhela algo más grandioso, más apasionado y menos familiar…….
……Una combinación de biología, historia personal y caldo cultural de ideas es lo que crea la atracción. El amante fantasía siempre está revoloteando detrás del amante real, y necesitamos a ambos. El problema reside en que la alianza de los dos es algo imprevisible. Eros, al fin y al cabo, era un travieso amorcillo armado de arco y flechas, una criatura de sorpresas que se deleitaba en alcanzar a los que menos se lo esperaban…..
…..Y a ello se debe que legislar el deseo resulte complicado….Pero lo cierto es que las personas, tanto los niños como los adultos, se atraviesan en el camino de sus semejantes. Constantemente y en todos los sitios se producen escaramuzas de deseo. Tenemos leyes contra el acoso y la violación. La utilización del poder y dela posición social para lograr favores sexuales de un empleado reticente es odiosa y no debe ser legal. Pero en la orilla opuesta de estos crímenes se extiende un terreno difuso, una frontera de sueños y deseos….
…Esta es mi llamada a Eros, una súplica para que no olvidemos la ambigüedad y el misterio y para que, en cuestiones relacionadas con el corazón, reconozcamos la existencia de una permanente incertidumbre.

"Una súplica para Eros". Siri Hustvedt. Editorial CIRCE. Noviembre 2006

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