"Porque, fíjense, una bestia tan misteriosa como la televisión empieza, a medida que se va volviendo sofisticada, a producir y vivir en base a una antinomia, a un fenómeno cuya fuerza reside en su propia contradicción: aunque la televisión siempre se dirige a los grupos, las masas, los mercados y los colectivos, sigue siendo cierto que los cambios más poderosos y duraderos son los que la tele produce sobre las personas individuales, cada una de las cuales se ve forzada todos los días a entenderse a sí misma en relación con los Grupos a los cuales esa persona parece deberle su misma existencia.
Piensen, por ejemplo, en cómo la exposición prolongada a los dramas televisivos nos vuelve a todos al mismo tiempo más conscientes de nosotros mismos y menos reflexivos. Una cultura cada vez más visual acaba pervirtiendo la relación entre el espectador y lo que este ve......
......Nosotros, el público, recibimos un respaldo inconsciente a la tesis de que el elemento más significativo de las personas es su capacidad de ser miradas....
...En realidad, el entretenimiento popular eficazmente concebido y difundido afecta de incontables maneras a las situaciones existenciales tanto de las personas como de los grupos. Y si "existenciales" les parece a ustedes un término demasiado grave para adjudicárselo a algo pop, entonces creo que no están entendiendo lo que hay en juego. Les invito a que piensen en dramas comerciales que traten de la violencia, del peligro y de la posibilidad de la muerte. Hoy en día hay muchos. Todo drama tiene un héroe. Diseñado intencionadamente para que por nuestra misma naturaleza, nos "identifiquemos" con él. Hoy día todavía resulta fácil conseguir esa identificación, puesto que seguimos pensando en nuestra vida de ese modo: somos el héroe de nuestro propio drama, y quienes nos rodean son relegados a simples papeles secundarios y (cada vez más) a la condición de público.
Ahora, sin embargo, intenten recordar la última vez que vieron morir al "héroe" dentro del marco narrativo de unos de esos dramas. Prácticamente ya no sucede nunca. Y es que al parecer los profesionales del espectáculo han estado investigando: al público le da mal rollo que se mueran aquellos con quienes se identifica, y tiene menos tendencia a ver dramas en los que el peligro se vea conectado de forma creativa con la muerte que se encuentra en la base de ese peligro. La consecuencia natural es que los héroes dramáticos de hoy día suelen ser inmortales dentro del marco que os convierte en héores y en objetos de identificación (los reproductores de video y la tecnologia afin le confieren a esta ilusión una realidad magnética para el público). Yo afirmo que el hecho de que se nos anime encarecidamente a identificarnos con unos personajes para los que la muerte no es una posibilidad creativa significativa presenta una serie de costes reales. Los que conformamos el público , y ustedes como individuos al igual que yo como individuo, perdemos toda sensación de escatologia y por ende teleología , y vivimos en un momento que, paradójicamente , se encuentra vacío de significado o de fin intrínseco y al mismo tiempo es, de forma bastante literal, eterno. Si somos los únicos animales que saben por adelantado que van a morir, probablemente también seamos los únicos animales dispuestos a someternos con mucho gusto a la negación continuada de esa verdad innegable y tan importante. El peligro es que, a medida que las negaciones de la verdad que lleva a cabo el entretenimiento se vuelven más eficaces y dominantes y seductoras, cada vez olvidaremos más de qué son denegaciones. Y eso da miedo. Porque a mí me parece diáfano que, si nos olvidamos de cómo morir, también nos olvidaremos de cómo vivir.
"En cuerpo y en lo otro". David Foster Wallace. Pág. 60-61. Ediciones Mondadori. 2013.
"En cuerpo y en lo otro". David Foster Wallace. Pág. 60-61. Ediciones Mondadori. 2013.
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