Libro VI
13. A la manera que los miembros de un cuerpo en los seres que forman un todo, a ese modo las criaturas racionales, aunque pertenecientes a seres distintos, están constituidas para cooperar a un mismo fin. Esta consideración se te imprimirá más fijamente, si muchas veces dijeres para contigo mismo: "Yo soy un miembro de este sistema formado por las naturalezas racionales". Pero si te limitas a decir, usando la letra r: "Yo soy una parte de dicho sistema", es que no amas aún de corazón a los hombres, que no te complaces debidamente en hacerles bien; lo haces siempre meramente por decoro, no como si también redundase en tu provecho.
35. Al modo como cada uno de los seres racionales participamos de las facultades propias de nuestra especie, la naturaleza nos ha dotado además de una facultad común con ella: y es que de la misma manera que la naturaleza se apodera de todo obstáculo que se le opone en el camino y lo convierte en provecho suyo, colocándolo en el orden de su destino y haciéndolo su parte, de igual suerte el ser racional puede hacer que todo obstáculo le sea materia de virtud y valerse del mismo según le acomodare.
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Libro VI
1. La substancia del universo es dócil y maleable. La razón que la gobierna de ningún moddo es en sí misma maléfica, pues no tiene maldad alguna; no es propensa a dañar a otro ni nada recibe agravio de ella. Todo nace y fenece según ella ordena.
3. Observa en el interior de las cosas; que no se te escape, en ninguna, ni su cualidad propia ni su mérito.
51. El que es ambicioso de gloria, hace consistir la propia felicidad en la actividad ajena; el voluptuoso, en el goce de sus pasiones; el cuerdo, en su propio proceder.
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Libro XI
1. He aquí las características del alma racional: se ve a sí misma, se analiza a sí misma, se amolda cual ella quiere. Recoge ella misma el fruto que produce, mientras son otros los que recogen el fruto de las plantas y de lo que hace las veces de fruto de los animales. Ella alcanza, acabare tarde o temprano la carrera de la vida, su término propio. No sucede como en la danza, en las representaciones teatrales y otras cosas semejantes, en que toda la acción se interrumpe en faltando un pormenor; antes bien, el alma, en cada caso y en cualquiera momento que se la sorprendiere, puede terminar sin falta el encargo que se le había confiado, de modo que pueda decir: yo poseo todo lo que es mío.
Es más recorre el mundo entero, el espacio vacío que lo rodea y su figura, se sumerge en la infinidad del tiempo, abraza la generación periódica del universo. Considera y percibe que ni los venideros serán cosa nueva, como nuestros antepasados no han visto más que nosotros, porque en cierta manera, el que haya vivido cuarenta años, por poco entendimiento que hubiere tenido, pudo haber visto todo lo pasado y todo lo futuro, según la uniformidad con el presente.
Propio también del alma racional es el amor a los semejantes, como la verdad, la modestia y el no anteponer nada a sí misma, lo que es también peculiar de la ley. De aquí que no hay diferencia entre la razón y la razón de la justicia.
Meditaciones. Marco Aurelio. 121-180 d.C. Extractos en páginas 67, 81, 85 y 148 en la edición española de la colección Great Ideas de Ediciones Taurus. 2008
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